Que los discípulos no sean los maestros…

En todas las fases del ciclo de vida de un proyecto SW es necesario tener las habilidades y el conocimiento necesario para ejecutar cada una de las actividades atómicas requeridas por el proceso.

Sin las habilidades básicas no es posible cumplir con los requisitos de completitud para cada componente, ni aún para nuestro propio proceso personal y esto esta fuertemente ligado al concepto de la responsabilidad.

Toma del requisito, Análisis, diseño, codificación, integración, despliegues, verificaciones y validaciones son elementos de vital importancia que requieren de actitudes profesionales maduras y más allá de esos elementos la comunicación formal e informal adhieren a la necesidad de estas actitudes positivas.

Cuando se carece de esos elementos actitudinales y aptitudinales, entramos en una barrena en picada hacia controles desmesurados apuntalados por la desconfianza.

Desconfianza parece ser la palabra establecida, pero confianza es la contra palabra que debe prevalecer. Quizás por que no se puede evitar hablar de una sin la otra, pero esto traído a un marco de trabajo en nuestra industria suele ser una dicotomía dañina, una postura dual que genera el típico clima de desmotivación y desactiva los flujos de comunicación proactiva.

Esta ambigüedad de confianza y desconfianza nos vuelve reactivos y pocos tolerantes y allí mismo nuestros resultados comienzan a declinar su calidad.

En cada fase se hacen seguimientos, nuevas estimaciones, nuevas derivaciones de actividades, se exigen nuevos cumplimientos con los hitos establecidos como líneas bases y se vuelve a controlar sobre el control. Algunos roles están para eso y son necesarios.

Lo que no cabe en este trajín de la gestión, es la desconfianza. No es admisible ni el los líderes, ni en los compañeros y mucho menos en la alta gerencia.

Lo que se debe considerar es que quien no este preparado para el trabajo responsable (considere el significado de la palabra Responsabilidad) es detectado casi instantáneamente y ese podría sería uno de los atributos a favor de esta industria de construcción del software, por lo que cualquier suspicacia puede ser desechada de raíz a la hora de controlar con medidas extremas la productividad del equipo o cualquiera de sus integrantes.

No considero necesario al fisgón detrás de nuestros monitores, ni a los programas de monitorización remota, ni al informante oculto trabajando para alguien en particular. Considero mucho mejor evaluar los resultados generales e indagar sobre aquellas debilidades que saltan a la vista para hacer los ajustes necesarios, tanto en la actitud como en la aptitud, ya que las dos cosas son perfectibles.

Nuevamente en mis escritos salta a la luz la necesidad de la madurez organizacional encabezada por los de más alto rango y que los discípulos no sean los maestros del ejemplo.

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