Al rescate del 60%

Recientemente leí un artículo interesante en la versión digital de La Nación, el cual en su marco principal trata sobre “qué hacer y cómo tratar a las nuevas generaciones de empleados que nacieron entre 1981 y 2000, y que traen en su ADN una nueva manera de insertarse en el mundo del trabajo”. En este artículo me interesó un concepto particular y es que según estudios recientes, se determinó que el 60% de la fuerza laboral estaría representado por empleados desmotivados cuyo aporte es el mínimo indispensable para la organización y que en lugar de hacer un aporte efectivo estarían generando pérdidas.

Esto me llevó a reflexionar sobre mi participación en distintas empresas de Argentinas y de las cuales finalmente me desvinculé, principalmente por cuestiones de motivación y una falta de misión y compromiso de tales empresas con su empleados, o por el parcialismo que representó su accionar.

Más de una vez me pregunté que ocurre con aquellas personas que por sus características personales y capacidades profesionales o adecuaciones realizadas de su aprendizaje, fueron seleccionadas para pertenecer a un equipo de trabajo para el cual se le brinda inicialmente una apertura y participación amplia, pero con el correr del tiempo, proyecto a proyecto la resultante es un un aporte operativo básico, carente de participación en opinión analítica, crítica constructiva y pensamiento diferenciado.

Creo que las insistentes “conversaciones en pasillos” entre empleados, sobre las malas políticas de RRHH, sueldos bajos, falta de capacitación o el exceso de las mismas, más la poca o nada de relación esfuerzo/compensación, en realidad tienen mucho más que ver con la falta de participación y opinión que se le ofrece a los empleados, que con los ítems negativos.

Es allí donde veo la falta de preparación de las diferentes líneas gerenciales y jefaturas, quienes manifiestan a las claras su falta de liderazgo al no saber declarar una misión, transmitir la visión, conseguir el compromiso y motivar para el cumplimiento de los objetivos.

Creo que gran parte de ese 60% de empleados desmotivados fueron finalmente empujados a esa actitud nociva y destructiva. Es posible que de alguna manera su accionar sea un acto de ajusticiamiento y revancha.

No se debe “tirar a la hoguera” a un soldado que aún vivo huye, sino rescatarlo, curarlo, re reclutarlo y aliarlo bajo un nuevo compromiso. Es importante considerar que, si como líderes y organización no estamos listo para “el rescate”, nuestra vida laboral también será complicada y en camino hacia un valle de desánimo, con un tendal de gente que “no trabaja motivada” y otros que poco a poco planifican su huida.

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