Generando circulos virtuosos en QA

 

 

 

Tanto la estrategia de gestión de los negocios como la estrategia técnica para el aseguramiento de la calidad del software comparten una “talón de Aquiles” que puede ser diferenciado en los siguientes dos enfoques:

 

 

 

Circulo vicioso

El primero se centra en estrategias de ejecución de pruebas funcionales, tratando de asegurar que la ejecución de todos los juegos de pruebas programados (incluídos los automatizados) cumplan con las espectativas, es decir con los planes. Este método usualmente deja sin cobertura algunos tipos de defectos y problemas de integración mayores, los cuales el equipo debe solucionar una vez que el producto está en el campo.

Este tipo de estrategias suelen carecer de una medición apropiada y buenas definiciones de calidad u objetivos bien establecidos, como también de proyectos de automatización y performance que sustenten una arquitectura general de la calidad esperada. El mayor foco es en la ejecución de pruebas y no tanto en una cultura orientada a la calidad.

Los equipos así conformados, fomentan un círculo vicioso donde prefieren confrontar con los problemas a medida que ellos se presentan, en lugar de anticiparlos y gestionarlos estratégicamente y por lo general el desorden prima hasta tal punto que no les permiten un aprendizaje y evolución continuo.

Círculo virtuoso

El segundo enfoque está orientado a la formación de equipos conformados por personas con muy altas habilidades en el pensamiento de los sistemas, antes de plantearse cualquier plan y quienes pueden ser facultadas en pos de objetivos estratégicos que son apoyados por una gestión que favorece al agregado continuo de valor y la promueven en toda la red organizacional.

Estos equipos así conformados, fomentan un círculo virtuoso donde es más fácil generar devoluciones proponiendo metodos de pruebas con técnicas emergentes e innovadoras que son diseñadas y aplicadas en los proyectos actuales, sin esperar a un futuro cercano, medio o lejano.

Empleados Vs Colaboradores

Ahora bien, la ejecución exitosa o el fracaso de los proyectos debe ser pagada y así es con cualquiera de los enfoques mencionados antes. La diferencia quizás radica en que las organizaciones que tienden al primer enfoque, solo consiguen conformar equipos de trabajadores técnicos del día a día y no pensadores de los sistemas.

En su contraparte, las organizaciones que facultan a su personal, dejan de tener simples empleados y forman a fuertes colaboradores estratégicos.

En ambos enfoques, el éxito o el fracaso ha dejado de ser un hecho atribuíble a los equipos para pasar a ser responsabilidad neta de las personas que están en posiciones gestión. Este concepto apunta a que ya no es admisible una razón que se apoye en que los proyectos fallan por una pobre ejecución de las operaciones, sino más bien por una carencia en importante en la estratficación.

Esto quiere decir, que lo que debe primar hoy en día en las organizaciones, aún si sus proyectos eventualmente fracazan, es la sistemática re-evaluación de la visión y los valores que defienden los tomadores-de-decisiones de una organización, para que así los equipos de desarrollo busquen defender esos mismo valores y compartan una visión correcta.

 

Inspirado en Empowering a QA Culture

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